la experiencia en Estrella del Bajo Carrión

La Experiencia

Un cliente nos dejó esto escrito en la mesa de desayuno:

“Coges la carretera hacia Villoldo,  llena de chopos, colores de todos los colores, tierra de campos con llanuras infinitas y protegidos por los montes del norte de Palencia y de repente te encuentras con el restaurante & hotel  Estrella del Bajo Carrión en Villoldo de Paula, Pilar y Mercedes, tres hermanas, con 30 años al frente y Alfonso, hijo de Pilar, obrando en la cocina,  no hay día que no este todo delicioso, no hay día que no dejen de tener esa sonrisa cuando te reciben en su casa. Entras por la puerta y de repente te olvidas que estas en España, te entran sensaciones diferentes y la imaginación te lleva a los Hamptons de Nueva York o la tranquilidad de la Provenza francesa o a los olores de la Toscana, porque en Villoldo lo que se respira es mucho y va mucho mas allá de la tradición, hoy después de ese maravilloso desayuno que me ha preparado Paula uno se da cuenta que Villoldo es otra dimensión, nadie, nunca, ni tu madre, ni tu amante, ni tu mismo en un arranque de pasión, ni en el Lancaster de Paris, ni en la Hacienda Benazuza, te han preparado un desayuno tan rico.

Frutas recién cortadas en taquitos, dos zumos que te los exprimen al momento llenos de vitaminas, de naranjas y de manzana, tostadas de torta de aceite, tomatito del bueno como en Sevilla, jamón curado, croissants franceses, mantequilla de verdad hecha por Pilar batida a mano como hace 40 años, mermeladas de higos y melocotón que te las comes a cucharadas y de repente de la nada salen unos huevos revueltos de gallinas felices que eres incapaz de resistirte y te lo comes todo.

Una reforma del hotel y del restaurante después de 30 años hecha con tanto sentido y con tanta alma por Concha del estudio Telone, me hablan de ella como si fuera de la familia. Y de repente parece que lleva la reforma toda la vida, que esa maravillosa mesa para una cena de 18 amigos la puso el padre de las 3 hermanas y que la lámpara lleva colgando otros 25, alfombras maravillosas, sillas-sillones de los bonitos pero además cómodos y que no te quieres levantar. Espejos que reflejan buen rollo, vigas centenarias que cuelgan y parecen esculturas de chillida, una terraza con sauces llorones que te hacen llorar pero de felicidad del gusto que es sentarse en una mecedora maravillosa para leer el periódico sin ruidos, con la calma de un pueblo de tierra de campos. Sala de billar como las de Chicago con barra libre hasta las mil y bodega con cientos de vinos. Habitaciones tranquilas, de las que puedes echarte siestas sin complejo de culpa, colchones de los buenos que de repente no entiendes como vas a poder volver dormir en el tuyo de casa. Sabanas que te acarician y toallas de las buenas con albornoces que te atrapan.

Y luego viene la comida o la cena: déjate llevar por Mercedes que te recomendará platos que nunca fallan y vinos que querrás tomarte dos botellas, platos míticos que no pueden quitar de la carta porque la gente ya dejaría de soñar, alubias de Saldaña que tienen truco y que enganchan, revueltos de boletus con foie y yema, verduras como las…, como ningunas porque tan ricas no las habrás probado nunca así, paletilla de lechazo entraasada tan suave y tierna que te hace dudar de ti mismo, cochinillo crujiente crujiente crujiente, pichones estofados con recuerdos de abuelas,  pescados monumentales de Galicia, solomillos para reponer fuerzas del camino de santiago y postres que gustan hasta a los que no les gustan los postres, Alfonso desde el reposo de Villoldo, prepara postres con mimo y cocina con sentido del bueno.

El restaurante+hotel Estrella del Bajo Carrión es un balneario de los sentidos donde uno no solo coge fuerzas sino que reposa, reflexiona sobre si mismo, se enamora más de todo, se contagia de fuerza vital, y donde siempre te vas con ganas de volver.”